martes, 2 agosto 2022
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Una centenaria con mucha vida en La Nava de Ricomalillo

Soledad Arias Moreno cumple 101 años este lunes

En el centro geriátrico de La Nava de Ricomalillo están de fiesta porque una de sus residentes cumple hoy, 4 de abril, 101 años.

Soledad Arias Moreno cumple 101 años con una vitalidad, una energía y una lucidez envidiables. Tiene una gran determinación tanto en sus actos como en sus palabras. No necesita bastón ni nada para caminar y con su cuerpo menudo transmite alegría y energía a todos sus compañeros. Sin duda se ha ganado el cariño de todos los residentes y de los trabajadores de la Residencia la Jara, donde dice encontrarse estupendamente porque la tratan de maravilla.

Está soltera, aunque tuvo un novio y más tarde se enamoró de otro mozo que no le correspondió, así que decidió dedicarse en cuerpo y alma a su trabajo.

Con 11 años empezó a ayudar a su padre, que era Secretario del Ayuntamiento de Robledo del Mazo; continuó formándose y pronto se hizo auxiliar administrativo del ayuntamiento y más tarde realizó los cursos que se hacían entonces para ser secretaria del Ayuntamiento.

Como secretaria de Robledo estuvo nada más y nada menos que 48 años, y aunque no nació en este bello pueblo de la comarca jareña, en él ha desarrollado toda su vida.

Cuenta con una alegría contagiosa, que cuando empezó tenía que ir andando unas veces y en burro otras, a los anejos de Robledo, cuyos nombres recuerda a la perfección: las Hunfrías, Robledillo, Navaltoril y Piedraescrita.

Soledad (2i), con compañeras de la Residencia la Jara de La Nava de Ricomalillo.

Mas tarde se compró una bicicleta y mejoró mucho su movilidad, pero con 48 años se sacó el carné de conducir y se compró un 600. Era el único coche del pueblo y se iba con él a Madrid, donde tenía que sufrir las burlas de los madrileños por ir con matrícula de Toledo. Pero ella nunca se achantó. Más tarde se compró un Seat 127 con el que hizo muchos viajes llevando a gente que lo necesitaba a Talavera y otros sitios.

Cuenta que le apasionaba su trabajo de Secretario y también el pueblo donde ejercía. Tanto es así, que cuando se jubiló no quiso irse y se presentó a las elecciones y salió elegida alcaldesa, y después estuvo otras dos legislaturas como concejal. Y cuando pasó su etapa política quiso ser juez del pueblo, pero ya estaba mayor y no pudo ser. Nunca quiso dejar el ayuntamiento y su trato cercano con la gente.

Entre risas y con una memoria prodigiosa nos cuenta que tuvo que hacer de todo: Sacaba muelas con alicates, hizo de partera e incluso se atrevió a hacer transfusiones de sangre. Nada se le ponía por delante a nuestra amiga Sole. Incluso cuenta que una vez un señor se le puso farruco al no querer firmar una declaración que le había tomado y tuvo que cogerlo de la solapa para que firmase, y – ¡vamos que firmó! – nos cuenta entre risas de todos sus compañeros y amigos de la residencia.

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